domingo, 16 de septiembre de 2007

“yo, aquella tarde, mientras cambiaba el compact y tú arreglabas tus cosas, tenía que decirte que habláramos, cómo iba a saber yo que justo iba a sonar el teléfono, y sólo escuché el golpe de la puerta, cuando salí a buscarte ya te habías ido, y para no quedar mirando mi propia rabia, también salí, cómo iba a saber yo que mientras tú pasabas por la avenida, yo caminaba por las veredas, y nos cruzamos sin vernos, entonces entre al cine y sentí que éramos nosotros los que, abrazados, corrían para protegerse de las balas, volví feliz para encontrarte, para decirte. Pero había solo un auto estacionado, y ellos salieron a recibirme y me abrazaban sabiendo que no era mi cumpleaños, y me apretaron tan fuerte que lloré. Cómo iba a saber que lo último que iba a ver de ti era un ruido en la puerta y tus calcetines botados al borde de la cama y que esa tarde tenía que vivir lo que nunca había pensado. Cómo iba a saber yo que el veinticuatro de junio había que borrarlo del calendario para poder encontrarnos al día siguiente y nunca nada hubiera existido. Cómo iba a saber yo que no tenía que contestar esa llamada, sino que detenerte antes que salieras, y decirte que el viaje se iba a hacer, que no me importaban los mosquitos de la selva. Cómo iba a saber yo que tu ausencia iba a ser para siempre. Ahora quemo las fotos porque no me atrevo a quemarme a mi misma”

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